Schengen es el nombre de un pequeño pueblo y de una comuna luxemburguesa, situados a medio camino entre Bruselas y Estrasburgo en la vía que une las tres sedes del Parlamento Europeo. Es un enclave, a orillas del rio Mosela donde Luxemburgo, Francia y Alemania comparten frontera, por el que es difícil transitar sin cambiar de país.
Pero para los europeos, la palabra Schengen, es también epónimo de libre circulación, ya que fue en este lugar donde, en 1985, varios países europeos firmaron el acuerdo para suprimir las fronteras y establecer un espacio común por el que toda persona, que hubiera entrado regularmente o residiera en uno de los países firmantes, pudiera circular libremente. El llamado Espacio Schengen, es hoy una amplia zona de libre circulación para más de 400 millones de europeos, integrada por 27 países la mayoría de la UE (excepto Irlanda, Chipre, Bulgaria y Rumania), además de Suiza, Noruega, Islandia y Liechtenstein.
La libre circulación de personas es también un derecho fundamental de la ciudadanía europea reconocido en el Tratado de Lisboa que amplió el derecho a la libre circulación de trabajadores, vinculado a la dimensión económica de la UE, a toda la ciudadanía, vinculándolo así a su dimensión política. Este derecho, recogido además en la Carta de Derechos Fundamentales de la UE, es jurídicamente vinculante, con las únicas limitaciones que se derivan de las exigencias de orden, seguridad y salud pública. Esta última fue la que posibilitó la suspensión de la libre circulación en la UE durante la emergencia sanitaria provocada por el COVID, hecho que suscitó un intenso debate.
La construcción del Espacio Schengen supuso un gran avance en la integración europea. La supresión de fronteras, la creación de una frontera exterior con normas armonizadas para entrar y expedir visados para estancias cortas, fueron acuerdos relevantes para empresas y sectores clave en la economía europea como el turismo. Los datos muestran que en los países que se integran en Schengen aumentan notablemente las entradas de turistas internacionales.
Croacia, el pasado 1 de enero, se incorporó a Schengen y a la zona euro. Será un fuerte impulso a su sector turístico, que aporta una quinta parte de su PIB. Sin esperas en las fronteras, ni tener que cambiar euros, y con la mayor seguridad que conlleva estar en Schengen, Croacia será un destino turístico más competitivo, que nuestras islas no deben observar solo como un posible competidor, como hizo en otros tiempos. Ahora, igual que sucede en otros sectores importantes para la economía de la UE, la mejor opción es colaborar para fortalecerse mutuamente y juntos competir como europeos.
Teresa Riera Madurell
Presidenta del CIBAME
( Publicado en Última Hora - 24-01-2023 )