El valor de la gente

Como cada año, la presidenta de la Comisión Europea, Úrsula von der Layen pronunció ante el Parlamento Europeo, su discurso sobre el estado de la Unión. Como era de esperar, se centró en la crisis energética y en la guerra de Ucrania, elogiando especialmente la fortaleza del pueblo ucraniano y el apoyo de la ciudadanía europea al país invadido.

Sus propuestas para el futuro de la Unión emanaron de las conclusiones de la Conferencia para el Futuro de Europa, resultado de un año de intensos debates en todo la UE. En su exposición elogió el trabajo de los paneles ciudadanos, los espacios para la participación de la ciudadanía que habían sido el núcleo de la Conferencia, y anunció que pasarían a ser un instrumento normal en la vida democrática de la Unión. Para mí fue un placer poder participar en el panel que debatió sobre el papel de las regiones en la gobernanza de la UE y, puedo asegurar que, de nuestros debates, emanaron ideas y propuestas de gran interés.

La Conferencia fue, ciertamente, un ejercicio de democracia participativa que proporcionó un programa ambicioso para Europa. Sus conclusiones incluyen 49 propuestas, entre ellas la modificación de los Tratados, y en ellas se insiste con reiteración en la importancia de la participación ciudadana en todos los niveles y ámbitos de acción.

La UE ha escuchado ya a su gente y ahora tiene que actuar, pero mientras implementa su nueva la hoja de ruta, el reconocimiento al valor de la gente va impregnando el quehacer de las Instituciones comunitarias.

El Parlamento Europeo acaba de otorgar el Premio Sájarov, el máximo galardón que otorga la UE en el ámbito de los derechos humanos, al “valiente pueblo de Ucrania”. En su alocución, la presidenta Metsola, destacó el liderazgo del presidente Zelenski y los esfuerzos de las instituciones y cargos públicos, pero insistió en que se premiaba especialmente el coraje y la resistencia de la ciudadanía de Ucrania. Elogió el valor de líderes activistas de la sociedad civil, como la fundadora de la unidad de evaluación médica “Ángeles de Taira”, Yulia Pajevska; la abogada de derechos humanos y presidenta del Centro para las Libertades Civiles, Oleksandra Matviychuk; o al alcalde de la ciudad ucraniana de Melitopol, Ivan Fedorov, todas ellas personas de las que cabe elogiar su valor apreciando las dos acepciones del término: valiosas y valientes.

La semana pasada asistí a la entrega de las medallas a la Paz y la Solidaridad que concede, cada año, la Fundación Internacional Olof Palme, organización con la que suelo colaborar. Las premiadas fueron tres mujeres extraordinarias, que conocen muy bien el valor de la gente: la filósofa Celia Amorós, activista en favor de los derechos de las mujeres, la historiadora Mercedes Vilanova, en cuyos trabajos siempre está presente el valioso testimonio de las “voces sin letra” y las “mayorías invisibles”, y la cineasta Carla Simón directora de Alcarràs, nominada al Oscar que, lucidamente, ha sabido mostrar con su arte, el valor de la gente.

Teresa Riera Madurell

Presidenta del CIBAME

( Publicado en Última Hora - 01/11/2022 )