El uso del gas como método de presión en la guerra de Ucrania ha puesto de relieve la dependencia energética que la UE tiene de Rusia, pero también ha evidenciado que una parte importante del problema está en el interior de las fronteras comunitarias. España, por ejemplo, por carecer de una buena interconexión con Francia, no puede ayudar a los países más afectados por los cortes de suministro, pese a tener los recursos para ello. Aunque parezca una obviedad, la solidaridad interna exige que el gas pueda desplazarse fácilmente por toda la Unión, sin obstáculos técnicos ni contractuales, y a través de unas interconexiones transfronterizas que hoy distan mucho de ser las óptimas.
A nadie se le escapa tampoco que un mercado interior energético, para mejorar la competitividad, debe eliminar las barreras comerciales, armonizar la legislación y, a la vez, asegurar el suministro, diversificando fuentes, acabando con las islas energéticas, incrementando la generación y asegurando el acceso justo a los consumidores.
Las crisis provocadas por Rusia utilizando el gas no son algo nuevo. En 2006 y 2009, por disputas sobre deudas y precios, los cortes de suministro a Ucrania afectaron a gran parte de Europa. Siendo entonces eurodiputada y responsable de energía defendí, repetidamente, la urgencia de mejorar las interconexiones, con argumentos similares a los utilizamos hoy.
El MidCat se planteó en el 2007, como una extensión del gasoducto Medgaz que debía unir Argelia y Almería, para estar operativo en 2015. Pero en el 2010, Francia paralizó el proyecto argumentando falta de demanda; entonces la UE priorizó el Nord Stream para traer el gas ruso que, además, era más económico.
En la parte española sólo quedan 220 km. por construir y ahora, el canciller alemán Olaf Scholz, defiende recuperar el proyecto para aliviar a su país de la dependencia de Rusia. Además, con la integración de renovables avanzando, el gaseoducto podría ser utilizado para transportar el hidrógeno verde. Con todo Francia sigue reticente.
Pero una decisión así no debería depender solo de dos países, ni tomarse únicamente en base a criterios comerciales. Se trata de una infraestructura para mejorar la cohesión, la solidaridad y la competitividad de la UE, como lo fue para nuestras islas, el gaseoducto que, desde el 2009, nos une con la península, una infraestructura que mejoró nuestro bienestar y competitividad, y por la que dejamos de ser, en relación a la península, una isla energética.
Utilizar “isla energética” como sinónimo de falta de interconexión es muy pertinente, puesto que insularidad expresa no solo aislamiento sino también sus consecuencias, que quienes vivimos en islas conocemos bien.
La cohesión es fuente del progreso y la solidaridad que surgen de normas, sentimientos i valores compartidos. De ahí que sea un principio clave para el desarrollo de la UE, para su estabilidad política y para la propia democracia
Teresa Riera
Profesora de la UIB y Diputada en el Parlamento Europeo entre 2004 y 2014
( Publicado en Última Hora - 18/10/2022 )